Rueda de prensa del colectivo CRISIS
Dosier de prensa y reportaje fotográfico.
Dossier de Premsa www.podem.cat ‘Podem viure sense capitalisme’
El colectivo ‘Crisi’ continua.
Leer más...
Moscú (AP)
El país norteamericano se dividirá en seis países mientras que Rusia y China serán la columna vertebral de un nuevo orden mundial
De creerle a Igor Panarin, como pretende el Kremlin, el presidente Barack Obama impondrá este año la ley marcial, Estados Unidos se dividirá en seis países antes de 2011 y Rusia y China serán la columna vertebral de un nuevo orden mundial.
Sería fácil descartar estas previsiones, si no fuera que Panarin es el decano de la escuela de diplomacia del Ministerio de Relaciones Exteriores ruso y una presencia habitual en las televisoras estatales. Además, sus pronósticos se corresponden con la línea antinorteamericana del Kremlin.
“Existe una alta probabilidad de que el colapso de Estados Unidos se produzca para 2010”, dijo Panarin a decenas de estudiantes, profesores y diplomáticos el martes en la Academia Diplomática, en una conferencia a la cual el ministerio invitó enfáticamente a The Associated Press y otros medios extranjeros.
El vaticinio de Panarin, un ex vocero de la Agencia Espacial Rusa y, se dice, un ex analista de la KGB, está en línea con la visión negativa de Estados Unidos que propala desde hace varios años el Kremlin y en particular el ex presidente Vladimir Putin.
Putin, ahora primer ministro, ha equiparado Estados Unidos con la Alemania nazi y atribuye a Washington la crisis financiera global que ha vapuleado la economía rusa.
Panarin no dijo en qué se basa concretamente su análisis: citó diarios, revistas y otras fuentes del dominio público.
También señaló que viene pronosticando la muerte del país más rico del mundo desde hace más de un decenio, pero que los trastornos económicos recientes en Estados Unidos y otros “fenómenos sociales y culturales” le permitieron establecer un cronograma para “El Fin”.
Para Panarin, el “fin” de Estados Unidos será el momento en que se dividirá en seis regiones autónomas y Alaska volverá a la soberanía rusa.
Panarin sostuvo que los estadounidenses sufren una decadencia moral y que su estrés psicológico se evidencia en sucesos como las matanzas en las escuelas, la magnitud de la población carcelaria y el número de hombres homosexuales.
Con respecto a los problemas económicos, citó el derrumbe de los índices bursátiles, la caída del Producto Interno Bruto y el rescate del gigante bancario Citigroup como pruebas de que la dominación estadounidense de los mercados globales ha llegado a su fin.
“Estuve allí recientemente y las cosas distan de andar bien”, dijo. “Lo que ha sucedido es el derrumbe del sueño estadounidense”.
Panarin insistió que no deseaba el derrumbe de Estados Unidos, pero pronosticó que Rusia y China saldrían fortalecidos de la crisis económica y que deberían colaborar, incluso para crear una moneda que reemplace al dólar.
Por Adrian Salbuchi | Publicada en www.asalbuchi.com.ar
El 20 de febrero pasado, el programa "The War Room" ("La sala de guerra") que conduce el periodista estadounidense Glenn Beck por Fox News Television, una cadena ultraconservadora y militarista, emitió un programa especial dedicado a evaluar "qué pasaría si.." (what if?) ocurriese un "11 de septiembre económico" ("an Economic 911"), para cuyo análisis utilizaron la metodología militar del planeamiento estratégico, aplicando escenarios probables de eventos de alto impacto (al estilo de los juegos de guerra). El informe televisivo ultraconservador coincide llamativamente con un primer informe de la CIA, en la era Obama, difundido la semana pasada, advirtiendo sobre la posibilidad de un "Pearl Harbor financiero", cuyos escenarios van desde un ataque asiático contra el dólar, regreso del nacionalismo anti-EEUU, hasta procesos de caos económico en países de Europa del Este, en un contexto mundial donde la crisis económica se va a convertir en un "enemigo mucho más peligroso" que el "terrorismo" para la seguridad nacional de EEUU.
Prepararse para lo peor
El programa de Fox New se inicia señalando que el gobierno de EEUU acaba de realizar un ejercicio de planeamiento sobre qué hacer en caso de un "ataque coordinado de dos días de duración contra los Estados Unidos".. El periodista Glenn Beck, el conductor, se pregunta de qué se trata todo esto, y luego recuerda una frase del ex-senador William J. Fulbright (figura clave en el establishment norteamericano de hace treinta años), quien dijera que "debemos atrevernos a pensar en lo impensable, porque si lo impensable nos llega a ocurrir, entonces no habrá tiempo para pensar, y las acciones que tomemos las haremos sin pensar".
El periodista Beck repitió el axioma de que el mejor planeamiento consiste en "prepararse para lo peor", y si luego no ocurre, mejor. Todos los escenarios evaluados se basan en la premisa "Estamos en el año 2014".
Llamativamente el informe de Fox New coincide con un primer informe de la CIA de la era Obama, difundido la semana pasada, en el cual se evalúa que la crisis financiera internacional representa actualmente la amenaza número uno a la seguridad nacional de los Estados Unidos.
En un dramático informe presentado ante el Comité de Inteligencia del Senado, el Director de la Inteligencia Nacional de Barack Obama, el almirante (R) Dennis Blair dijo la semana pasada que esta nueva amenaza y sus implicancias geopolíticas son hoy mucho más graves que el "terrorismo internacional".
Primer escenario: Colapso financiero total
El Indice Dow Jones Industrial Average cae a 2800 puntos. El desempleo supera el 12%. Todos los bancos son nacionalizados. El mercado inmobiliario colapsa, el oro llega a US$ 8.000 la onza, comienzan a circular monedas alternativas, y el trueque se convierte en la forma de intercambio económico.
Este escenario fue evaluado por los analistas Gerald Celente del Trends Research Institute (Instituto de Análisis de Tendencias), quien recomienda "prepararse y planificar para lo peor y luego, dar un paso atrás". y el periodista Stephen Moore de The Wall Street Journal (que en Dic. 08 prestó credibilidad al análisis del ruso Igor Panarin, quien vaticinó el colapso del dólar y la balcanización de Estados Unidos) y autor del libro "The End of Prosperity" (El fin de la prosperidad).
Segundo escenario: Ingobernabilidad y caos social
Ante la emergencia del primer escenario, se evalúan los límites de la libertad de opinión y de prensa, en un contexto de caos donde crecientes sectores poblacionales visualizan la crisis como la traición del mandato que el gobierno recibió del pueblo.
Un entrevistado, Onkar Ghote (del Ayn Rand Institute), señala que existe peligro de que el gobierno imponga limitaciones a la emisión de opinión y genere una "línea oficial" de pensamiento. El periodista Beck recuerda a la audiencia como antecedente, que cuando EEUU entró en la primera guerra mundial en 1917, llegó a haber 150.000 prisioneros políticos cuyo único delito fue haber manifestado su oposición a aquella guerra. ¿Puede volver a ocurrir?
Otro entrevistado, el Sargento Mayor del Ejército de EEUU Tim Strong habló del "Bubba Effect", que surge en la milicia cuando los combatientes dejan de confiar en sus comandantes y se (re)agrupan en compactas y sólidas celdas o grupos, unidos por intereses y objetivos en común cimentados en la lealtad, normalmente volcada sobre algún oficial capaz, experimentado y carismático.
En Alemania, tras el caos producido por la traición y derrota en la primera guerra mundial de 1919, se formaron las conocidas Unidades "Roswell" que operaban de manera similar, logrando contrarrestar en parte el terrible caos nacional de entonces. El Sgto. My. Strong indica que estas tendencias ya existen entre grupos civiles dentro de los EEUU: vecinos, amigos y familiares que se unen y coordinan entre sí, almacenando víveres, combustible, armas, y todo tipo de elemento necesario para la supervivencia en casos de emergencias. "Operan como comunas que recuerdan a la película Mad Max", y son la consecuencia del "creciente aislamiento del pueblo ante la inoperancia de sus líderes, por cuanto el gobierno ha traicionado la Constitución."
Otro entrevistado, Michael Sheuer, ex jefe de la Unidad Bin Laden de la CIA y autor del libro "Marching Towards Hell" (Marchando hacia el infierno) subraya la "tiranía de la incompetencia del gobierno" y comenta que un estudio realizado por The Heritage Foundation (un think tank republicano), se estima que para pagar los gigantescos salvatajes y déficits que el gobierno de EEUU está incurriendo y los que piensa incurrir en los próximos años, cada ciudadano tendrá que pagar impuestos del orden del 80 al 90 por ciento de sus ingresos, cosa que obviamente no ocurrirá puesto que antes se producirá una rebelión generalizada.
Cuando el periodista Beck pregunta a los entrevistados qué se debe hacer para detener todo esto a lo que tanto Michael Sheuer como Tim Strong responden diciendo que no creen que se deba hacer nada (!!!). En ese momento, Beck se muestra alarmado (ver minuto 5:12 de la "parte 4" del video) ante la respuesta de sus entrevistados.
Tercer escenario: Estallidos sociales globales
En el programa de Fox New se señala también que el ejército norteamericano está realizando ejercicios en el estado de Iowa y otros estados para hacer frente a "disturbios civiles", aunque Tim Strong aclara que "no cree que las fuerzas armadas disparen sobre ciudadanos norteamericanos".
Estos Disturbios Civiles Globales surgirían cuando EEUU deje de ser el "policía del mundo" (un mundo al que se compara con "lo que ocurre cuando el maestro sale del aula y todos hacen un gran lío", agregando (como era previsible) que los principales "lieros" serán "los islámicos").
A esto se le agrega el hecho de que Méjico colapsará en el caos, y será tomado por narco-pandillas, cuyos efectos se propagarán a EEUU donde ciudades como Nueva York se parecerán crecientemente a Méjico y Calcuta.
Cuarto escenario: Guerra en Medio Oriente
Se evalúa lo que ocurrirá si se producen ataques contra oleoductos y gasoductos en Medio Oriente y otras regiones debido al caos social si el precio del petróleo cae a US$ 6 el barril como consecuencia de la interrupción de la actividad económica mundial.
Se prevé también que casi no habrá actividades turísticas a nivel global a causa de la falta de seguridad. Se estima además que el primer país en ingresar al caos en Europa Oriental será Ucrania, y el primer país en en ingresar al caos en Occidente será Irlanda, mientras que habrá más de 50 millones de desempleados en Occidente.
Estas evaluaciones las hacen Brad Thor (ex Jefe de la Unidad Celda Roja de Departamento de Seguridad Interior, y autor de "The Last Patriot" - El último patriota), y Bob Baer, ex-agente de la CIA, quienes señalan entre otras cosas que ante la victoria del ultra-derechista sionista Benjamin Netanyahu como primer ministro de Israel, un flamante estudio del Pentágono acaba de aumentar la "probabilidad de guerra en el corto plazo en Medio Oriente al 55%".
El informe estima además que Netanyahu reiniciará la invasión y ataques a Gaza, lo que producirá una nueva escalada de la violencia en un escenario donde posiblemente Hezbollah atacará a Israel desde el norte, llevando a Israel a atacar "centros de Hezbollah en Damasco, Siria", lo que hará que Irán ataque instalaciones petroleras en Medio Oriente vitales para EEUU e Israel, al tiempo que seguirá con su plan nuclear.
A ello agregó Brad Thor que si EEUU se viera limitado en su capacidad de defender a Israel, entonces "Israel tendrá todo el derecho de atacar a Irán", otro ejemplo más del determinante poder que mantiene el sionismo sobre el gobierno de Estados Unidos.
El último entrevistado fue Bob Sherwood, fundador del The Survivors' Club (el club de los sobrevivientes), quien enfatizó la necesidad de tomar conciencia del "enemigo interno" y de la necesidad de que estemos en "alerta temprana".
Señaló la necesidad de "recablearnos" ("rewire ourselves"), o sea, reprogramarnos para poder hacer frente a las terribles crisis que seguramente sobrevendrán en los Estados Unidos y otras partes. Puso como ejemplo, el hecho de que desde hace tres décadas los 30 millones de habitantes del estado de California han sido "reprogramados" por las autoridades para estar preparados para "el Gran Terremoto" que se supone golpeará California (evento de baja probabilidad pero de alto impacto).
Concluyó diciendo que ante crisis terminales de este tipo, hay básicamente 5 clases de personas: los que pelean (o sea, activistas que se volcarán a la desobediencia civil), los que piensan (o sea, quienes ayudan a planificar y hallar soluciones novedosas), los realistas (quienes aceptan los hechos y tratan de superarlos sin rebelarse), los que se conectan (o sea, quienes tienen la solidaridad social como eje central de su comportamiento), y los creyentes (quienes básicamente se encomiendan a Dios).
El programa The War Room del viernes pasado emitido en vivo por Fox New, concluyó enfatizando la conveniencia de "creer en Dios" y en la misión especial de los EEUU, al tiempo que recalcó la necesidad de "estar preparados".
El programa se encuentra en idioma inglés en videos de YouTube, dividido en cinco partes:
José Luis Redondo | Transversales | Publicado por Rebelión 11-03-2009
Estamos ante una crisis que puede parecerse a una de las habituales cíclicas del sistema capitalista, pero que puede ser sobre todo un mensaje que nos llega desde el futuro.
Una crisis que comienza con el hundimiento de las hipotecas basura en Estados Unidos, con sus efectos sobre los bancos de todo el mundo y la paralización de los préstamos.
Una crisis que comienza en el sistema financiero y que muestra que éste vive al borde del abismo. La gente pide préstamos, los recibe sin garantías y se venden posteriormente en escalada entre diferentes entidades financieras. Nadie controla el proceso y cuando los préstamos dejan de devolverse el sistema entra en colapso.
Además, el sistema es opaco, nadie sabe actualmente cuál es el nivel de endeudamiento de los bancos; en consecuencia, todos desconfían entre sí.
Hay que añadir que la globalización extiende la crisis y deja de haber dinero disponible. Paradójicamente, la crisis se manifiesta como recesión en la Unión Europea y no en el país de origen.
Estamos no sólo ante la hipertrofia del sistema financiero sobre la economía real, sino más bien ante una economía especulativa y delincuente, que tiene que derrumbarse periódicamente.
Las respuestas que se dan son parches atendiendo exclusivamente a la coyuntura, con intervención del Estado norteamericano (¿dónde queda la cantinela liberal?). No se propone el control de la especulación que reina sin medida, aunque es posible que con la salida de la crisis se creen mecanismos de control más adecuados. La reunión de los bancos nacionales más importantes es una señal de que se necesita alguna gobernación de la economía mundial.
Siendo importante la crisis financiera, y, aunque diversa, sintomática de las crisis cíclicas del capitalismo, creo que puede ser mucho más decisiva la crisis ecológica.
La subida de los precios de las materias primas, fundamentalmente del petróleo, es el síntoma del final de una era. Desde el 2006 han subido los alimentos un 65%, con tasas mayores la soja, el trigo y el arroz. El petróleo ha subido un 400% en cuatro años. Pese a factores coyunturales, que pueden hacer bajar al petróleo algo ante las restricciones del consumo, está anunciando los límites que ya se están manifestando a la explotación desenfrenada del planeta. Aquí el petróleo es el factor decisivo, la civilización actual se basa en el consumo de energía y el petróleo es su fuente principal. La incorporación a este consumo de las multitudes de los países en crecimiento como China y la India ha hecho subir los precios a toda velocidad, es el paso de la bicicleta al coche. Esta subida está relacionada con la mayor dificultad de extracción, el aumento del consumo no es compensado por el descubrimiento de nuevos yacimientos, estamos vislumbrando el agotamiento de la fuente de energía de la civilización actual. Sin duda, se intentará retrasar el final, explotando yacimientos a gran profundidad marina, en Alaska o en el mismo círculo polar ártico, pero los expertos piensan que no hay reservas para más de 20 ó 30 años con el consumo energético actual.
La subida del petróleo incide en el de otras materias primas como los cereales, que también se debe a que más gente quiere comer y come más carne, ya es sabido que la producción de carne precisa una cantidad mucho mayor de cereales. Vemos un aspecto malthusiano de la crisis: mayor crecimiento demográfico y del consumo alimenticio que el de la producción de alimentos. En este sentido se cree que la explotación más racional de la tierra puede alimentar de 10.000 a 15.000 millones de personas. Los 6.700 millones actuales pueden convertirse en nueve o diez mil millones hacia 2050, eso está en los límites de lo posible.
Esta crisis alimentaria es más seria que la de las hipotecas basura, la gente no pierde su casa sino que se muere de hambre. Países que han abandonado la agricultura de subsistencia para producir para el mercado mundial, no pueden comprar en éste los alimentos ante la subida de los precios. En esta subida también incide la producción de biocarburantes a partir del maíz y otros alimentos, así como la especulación en las bolsas de alimentos.
La situación nos señala un peligro de fondo. El sistema tecnológico occidental, que se extiende por todo el mundo, no es sostenible. No puede mantenerse un consumo cada vez más ávido de energía, un transporte siempre en aumento y basado en derivados del petróleo, una deslocalización en la producción de mercancías que no tiene en cuenta el coste real de agotamiento del petróleo y de otras materias primas. No puede comerse en todo el mundo la dieta carnívora que se consume en Occidente. Naturalmente, todos las poblaciones quieren consumir como en el modelo que se les propone, el occidental.
Esta crisis debería suponer una gran llamada de alarma para toda la humanidad. Ya se hace tarde para hacer girar la producción y el transporte hacia un menor consumo energético por producto y hacia las energías renovables. Es risible, si no fuera trágico, el empeño en abrir el debate de la energía nuclear, como si el uranio no fuera escaso y los residuos radiactivos no duraran mucho más que la propia existencia de la civilización. Todos los estudios responsables muestran que ni una creación masiva de centrales nucleares puede compensar el hundimiento de la producción petrolífera, y esto sin contar la falta de rentabilidad de éstas si asumen los gastos de seguridad y la conservación de los residuos. Otra solución, como la energía de fusión, se encuentra en un nivel experimental. Se estima que si se llegan a solucionar todos los problemas, no pasarán menos de 50 años hasta que produzca energía eléctrica industrialmente.
Desgraciadamente, la producción de energía a través de las renovables no puede compensar actualmente el declive del petróleo. Estamos ante la evidencia de la imposibilidad de una civilización con un crecimiento continuo del consumo energético.
Se hace necesaria una revisión de lo global y lo local, tanto en la producción de alimentos como en la de otros productos.
Es necesario revisar el dogma del crecimiento económico basado en un aumento continuo del consumo. El objetivo debería ser mayor reparto de trabajo, más consumos cualitativos, culturales y sociales y menos mercancías.
No parece, sin embargo, que se oigan muchas voces en este sentido, no desde luego de los políticos que, como Zapatero, llaman a consumir más, ni de los economistas, ni de los intelectuales. Si lo que se precisa es mucho más que un cambio en la economía, si es un cambio del modelo tecnológico de nuestra civilización, hay que convencer a la opinión pública de la necesidad de este cambio. Hay que diseñar procesos concretos para el cambio antes de que la situación sea catastrófica para la humanidad.
Debemos de tener en cuenta que el sistema capitalista mundial es ciego y el automatismo de su funcionamiento parece conducirnos al desastre. Sólo la actuación consecuente de los ciudadanos puede corregir este camino.
Alfredo Jalife-Rahme | La Jornada | Publicado por Rebelión 19.02.2009
De acuerdo con LEAP/E2020, el primer ministro británico Gordon Brown y otros líderes mundiales "pierden su tiempo coreando la dimensión histórica de la crisis, pero ocultan el hecho de que no entienden absolutamente nada de su naturaleza. En el mismo sentido de Dennis Blair, director de Inteligencia Nacional de Estados Unidos, quien alertó de la probabilidad de una Gran Depresión y sus "implicaciones geopolíticas" (ver Bajo la Lupa, 15.2.09), LEAP/E2020, centro de pensamiento europeo, advierte que en el último semestre de este año se "iniciará la quinta fase de la crisis sistémica: la fase de la dislocación geopolítica global" (GEAB, número 32, 16.2.09).
Recuerda su previo análisis en el que sostenía que la "crisis sistémica global" se desplegaría en cuatro principales fases estructurales: desencadenamiento, aceleración, impacto y decantación. Reconoce que ha surgido una nueva fase (la quinta, de dislocación geopolítica), debido a la "incapacidad de los líderes globales de entender plenamente la visión de la crisis presente" y que se ha vuelto obvia por la "determinación en curar las consecuencias en lugar de las causas". Vaticina que la quinta fase advendrá en el cuarto trimestre de este año (es decir, a partir de septiembre), y que en su epílogo el "mundo se parecerá más a Europa en 1913, en lugar de nuestro mundo en 2007".
Esta nueva fase será conformada por "dos procesos principales que ocurrirán en dos secuencias paralelas".
Los dos procesos principales constan de: 1.- la "desaparición de la base financiera en todo el mundo"; es decir, la extinción del dólar debido a su impagable deuda; y 2.- "la fragmentación de los intereses de los grandes jugadores y los bloques del sistema global".
Las dos secuencias paralelas constan de: 1.- "la desintegración veloz de todo el sistema internacional vigente"; y 2.- "la dislocación estratégica de los grandes jugadores globales".
Se lamenta que la cuarta fase de decantación no haya dado lugar a la recuperación y culpa a los "líderes globales" de haber perdido la oportunidad de "sacar las conclusiones adecuadas del colapso del sistema global prevaleciente desde la Segunda Guerra Mundial".
Los líderes globales no se encuentran a la altura de las circunstancias: "Barack Obama, Nicolas Sarkozy o Gordon Brown pierden su tiempo coreando la dimensión histórica de la crisis, pero ocultan el hecho de que no entienden absolutamente nada de su naturaleza e intentan limpiar sus nombres del fracaso futuro de sus políticas". LEAP/E2020 es muy severo con los principales líderes del mundo occidental: "prefieren persuadirse a sí mismos que el problema será resuelto como cualquier otro problema técnico normal, aunque un poco mas serio que el usual. Mientras cada uno persiste en jugar las viejas reglas obsoletas de décadas atrás, inconscientes del hecho de que el juego se ha extinguido bajo sus narices".
La reciente reunión de los ministros de finanzas del G-7 en Roma, más catatónica que nunca, parece conceder toda la razón al LEAP/E2020: "en Estados Unidos, como en Europa, China y Japón, los líderes persisten en reaccionar como si el sistema global hubiese sido solamente víctima de alguna falla temporal". Pareciera que “solamente requieran cargas de combustible (liquidez) y otros ingredientes (disminución de las tasas de interés, recompra de los activos tóxicos, rescates de las industrias semiquebradas…) para que vuelva a arrancar”.
Su diagnóstico es de una enfermedad terminal, no de un catarrito blindado: "el sistema global ha fenecido; se requiere construir uno nuevo en lugar de luchar en salvar lo que no puede ser más rescatado". Concuerda con nuestro análisis de que no se trata de una crisis vulgar, que puede ser solucionada con medidas anticíclicas, sino del fin del paradigma neoliberal (y, quizá, del mismo modelo capitalista).
Exhibe una gráfica sobre las penurias de la industria, en orden descendente en Japón, Estados Unidos, la eurozona, Gran Bretaña, China e India; es decir, de seis de los principales activadores de la globalización financiera y económica, que han contraído dramáticamente la demanda de nuevos pedidos (al último trimestre de 2008) en el sector manufacturero que ha ingresado a territorio negativo, como señal incontrovertible de que "sus economías pudieran desacelerarse todavía más en los meses venideros" (Índices de Compra de los Gerentes; MarketOracle/JP Morgan).
LEAP/E2020 esperaba una recuperación gradual después de la cuarta fase de decantación, pero, por desgracia, este brote de la quinta fase "incendiará el proceso requerido de reconstrucción en forma abrupta: mediante una completa (¡sic!) dislocación del sistema vigente, con consecuencias particularmente trágicas (¡súper sic!) en el caso de varios grandes jugadores globales".
La única esperanza de que este escenario dantesco no ocurra radica en "los próximos cuatro meses antes del verano de 2009". Asevera que la cumbre del G-20 el próximo abril en Gran Bretaña "es probablemente la última oportunidad de reacomodar las fuerzas en juego; es decir, antes de que las bancarrotas de Gran Bretaña y Estados Unidos den inicio".
En caso del fracaso del G-20, "perderán su capacidad de controlar los eventos, ya que muchos de sus países, así como en el resto del mundo, entrarán en la fase de dislocación geopolítica como un barco ebrio". Se recuerda que "barco ebrio" es el célebre poema del genial Rimbaud.
Más probablemente, el "G-20 tendrá mayores dificultades incluso de reunirse, ya que la tendencia creciente es de que cada quien se salve por sí mismo".
A su juicio, la dislocación geopolítica afectará ineluctablemente a los cuatro principales actores geoestratégicos del planeta: Estados Unidos, Unión Europea, China y Rusia, por lo que la "población en general y los jugadores sociopolíticos deben estar listos a enfrentar temibles (¡súper-sic!) tiempos durante los cuales amplios segmentos de nuestra sociedad serán modificados o desaparecerán temporalmente, o se extinguirán permanentemente". Se basa en un artículo tétrico de The New York Times ("El desempleo representa una amenaza a la estabilidad mundial"; 15.2.09). Esto le concede toda razón a los señalamientos de mi paisano Carlos Slim Helú frente a los pigmeos del calderonismo.
LEAP/E2020 insiste en que la "ruptura del sistema monetario global" ocasionará el "colapso del dólar (y de los activos denominados en dólares), pero también inducirá, por contagio sicológico, una pérdida general de confianza en todas las divisas". ¿Es el momento inevitable del oro y la plata?
Concluye que "los países más monolíticos y las entidades políticas más imperialistas son quienes sufrirán más de esta quinta fase de la crisis. Algunos estados experimentarán una dislocación estratégica que socavará su integridad territorial y su influencia mundial". ¿Se referirá al ya decadente Estados Unidos?
A consecuencia de ello, "otros estados perderán súbitamente sus situaciones protegidas y serán arrojados al caos regional".
A ver qué pasa con el G-20.
Un artículo de ayer en El Periódico muestra algunos recursos de la violencia mediática a la hora de desacreditar a quienes se atreven a cuestionar las verdades oficiales. Interesante porque condense tres de estas "verdades" cuya sostenimiento y defensa se asigna a los medios de "comunicación masiva" –el Holocausto, el origen humano del cambio cambio climático y el darwinismo–.
Por Raül Woo, sobre un artículo de Ramón Folch en El Periódico (reproducido al pié)
El Holocausto es el paradigma de la verdad oficial, los historiadores pueden investigar el genocido armenio por los turcos, el de los aborígenes americanos por españoles, ingleses y criollos, sin mayor miedo a ser tachados de antiturco, antiespañol, antibritánico, antinorteamericano o antisudamericano. No ocurre lo mismo con el de los judíos a manos de los nazis. En Alemania van a la cárcel si cuestionan las bases del cálculo de la cifra de seis millones, en otros países son expulsados y toda la prensa occidental les colgará el epíteto de "negacionista". Me parece que no se niegan los campos de concentración, sino que se analizan desde el punto de vista demográfico, histórico, forense, incluso logístico, las dimensiones y el propósito del horror. Hasta hace un tiempo esas tesis sólo eran defendidas por pronazis. Hoy, no solamente.
En cuanto al cambio climático, evidente para quien tenga más de cuarenta años, la cuestión es si éste es normal dentro de los grandes ciclos meteorológicos de la Tierra y, si no lo fuera, qué lo está produciendo. La versión oficial del IPCC, Kyoto y Al Gore es que es anormal y producto de las emisiones industriales de CO2. Esta versión es cuestionada política y económicamente, por un lado por la industria petrolera y automotriz, y los países industriales emergentes. Pero también, por otro, denunciada por científicos independientes y rebotados del IPCC, que explican que todo el sistema solar se está calentando, observación en la que coincide la Nasa que ya alertó de un aumento progresivo en la actividad solar.
La polémica evolucionismo-creacionismo es un ejemplo más de cómo una discusión que debería ser seria, se presenta del modo más rancio en los medios de desinformación. No hace falta ser un fundamentalista cristiano para advertir puntos hipotéticos en el darwinismo clásico. Otras hipótesis alternativas del surgimiento de lo humano desde lo natural, tales como el principio antrópico o la hibridación extraterrestre, son sistemáticamente ninguneadas al gran público.
Al no ser especialista en genocidios, cambios climáticos ni en el origen de la humanidad, no pontifico sobre quién tiene o no razón. Lo que digo en este caso, es que el columnista sustenta su opinión en supuestas evidencias científicas que son cuestionadas o rebatidas como tales en ámbitos científicos. Digo además que los llamados medios de comunicación, cumplen una función desinformadora al presentar los temas desde una discusión recalcitrante conservador-progresista y negarte otros enfoques y puntos de vista. Esta aparente discusión de los medios es manipuladora al forzarte a tomar partido entre lo "malo" y lo "bueno" que te presentan, ocultándote otras perspectivas e implicaciones que pueden resultar más esclarecedoras.
Nadie te niega el derecho a creer en las verdades oficiales, pero estaría bien que compararas lo que dice el columnista de prensa o el tertuliano de radio y Tv – especialistas en comentar "lo que todos sabemos"– con otras fuentes de información, ajenas a los grandes medios. Aprovechemos ahora, mientras tengamos internet...
Ramón Folch: Negacionismo
El Periódico, 8 de marzo 2009
"Haberlas, haylas", decía aquel que no creía en las brujas. No creía en ellas, pero admitía que había. Creer o no creer no dependía para él de la realidad, sino de sus apriorismos. Acostumbrado a comulgar con ruedas de molino, había conseguido supeditar los hechos a los prejuicios. Rendirse a la evidencia es, en el fondo, una actitud cartesiana; la fe del carbonero, no.
Por esta vía se puede negar el Holocausto o los campos de exterminio nazis, hay obispos que lo hacen. Hay que ser bestia, a la vista de las pruebas. No hace falta serlo tanto para dudar de la evolución biológica, que es una evidencia científica demostrada por activa y por pasiva, pero para nada obvia, si no dispones de las claves interpretativas. Y aún más excusable resulta no ver claro el qué y el cómo del cambio climático en curso, pues se trata de un fenómeno en gran medida todavía por llegar. Pero la comprensión para con el ignorante escéptico cede ante el conocedor malintencionado. Un biólogo no puede ser antidarwinista por ser creyente y un físico no puede negar el origen antrópico del cambio climático actual, o el propio cambio climático, porque una petrolera le pague las investigaciones.
El rechazo de la evidencia se llama ahora negacionismo. El negacionista, en lugar de probar la culpabilidad que presupone, exige que el acusado pruebe su inocencia. No poder demostrar al cien por cien que algo es blanco no significa que sea negro. Deducir o inducir no es especular. La teoría de la evolución o el cambio climático no son hipótesis. Son conclusiones a las que se llega tras acumular indicios, pruebas y evidencias. ¿Qué indicios, pruebas y evidencias aportan los negacionistas?
El Heartland Institut es un think tank neoliberal norteamericano vinculado a la General Motors y en buena medida financiado por Exxon Mobil, según todas las fuentes. Hoy en día, con el espectáculo financiero organizado por el neoliberalismo y con el sector automovilístico en horas bajas, debería tratar de pasar desapercibido. Pues no: convoca para este fin de semana, en Nueva York, una International Conference on Climate Change bajo el lema Calentamiento global: ¿hay alguna crisis?
En su web, un grosero vídeo promocional atribuye la exaltación del efecto invernadero a las flatulencias del ganado. También podría atribuirlo a las de los humanos, que al fin y al cabo somos 7.000 millones y largamos igualmente metano (unos más que otros). No parece una manera muy científica de invitar a la reflexión. El experto José María Aznar debía encabezar el cartel de invitados, pero finalmente ha declinado. Le echarán de menos los 80 personajes notorios y no muy notables que, al parecer, se reunirán para negar la evidencia.
¿Qué mueve a los negacionistas? Revisar conclusiones provisionales --en ciencia todas los son-- es prudente y saludable. Hay piezas del calentamiento global que no acaban de encajar, cierto es. Pero el negacionismo no es higiénica duda científica. Es sesgo interesado o reduccionismo de científico obsesionado con su microparcela, que no halla lo bastante considerada por el Intergovernmental Panel on Climate Change. En definitiva, es un fundamentalismo camuflado. Ni darwinismo, ni cambio climático, ni nada que no figure en la Biblia o en la hoja de ruta neoliberal. Bochornoso.
Señales de implosión
Septiembre de 2008 marcó un punto de inflexión en el proceso recesivo que se venía desarrollando en los Estados Unidos a lo largo de ese año: estalló el sistema financiero y la recesión comenzó a extenderse rápidamente a nivel planetario al tiempo que se evidenciaban síntomas muy claros de tránsito global hacia la depresión cuya llegada comenzó a ser admitida desde comienzos de 2009.
Ahora asistimos a un encadenamiento internacional de derrumbes productivos y financieros acompañado por una mezcla de pesimismo e impotencia en el mas alto nivel de las elites dirigentes ante la probable transformación de la ola depresiva en colapso general.
La declaraciones de George Soros y Paul Volcker en la Universidad de Columbia el 21 de febrero de 2009 marcaron una ruptura radical (1), muy superior de la que estableció hace dos años Alan Greenspan cuando anunció la posibilidad de que los Estados Unidos entre en recesión. Volcker admitió que esta crisis es muy superior a la de 1929, eso significa que la misma carece de referencias en la historia del capitalismo, la desaparición de paralelismos respecto de crisis anteriores es también (principalmente) la de los remedios conocidos. Porque 1929 y la depresión que le siguió están asociados a la utilización exitosa de los instrumentos keynesianos, a la intervención masiva del Estado como salvador supremo del capitalismo y lo que estamos presenciando es la más completa ineficacia de los estados de los países centrales para superar la crisis. En realidad la avalancha de dinero que arrojan sobre los mercados auxiliando a los bancos y a algunas empresas transnacionales no solo no frena el desastre en curso sino que además está creando las condiciones para futuras catástrofes inflacionarias, próximas burbujas especulativas.
¿Implosión capitalista?
Por su parte Soros confirmó lo que era evidente: el sistema financiero mundial se ha desintegrado, a lo que agregó el descubrimiento de similitudes entre la situación actual y la vivida durante el derrumbe de la Unión Soviética. ¿Cuales son esos paralelismos? Como sabemos, el sistema soviético comenzó a desmoronarse hacia fines de los años 1980 para finalmente implotar en 1991, el fenómeno ha sido por lo general atribuido a la degradación de su estructura burocrática haciéndolo en principio intransferible al capitalismo que alberga una vasta burocracia aunque no hegemónica como lo fue en el caso soviético. Existe un proceso, una enfermedad que no es el patrimonio exclusivo de los regímenes burocráticos, se ha desarrollado en el capitalismo al igual que en civilizaciones anteriores a la modernidad: se trata de la hipertrofia parasitaria, del predominio aplastante de formas sociales parasitarias que depredan a las fuerzas productivas hasta un punto tal en que el conjunto del sistema queda paralizado, no puede reproducirse más y finalmente muere ahogado por su propia podredumbre. A lo largo del siglo XX el capitalismo impulsó estructuras parasitarias como el militarismo y sobre todo las deformaciones financieras que marcaron su cultura, su desarrollo tecnológico, sus sistemas de poder. Las tres últimas décadas presenciaron la aceleración del proceso adornado con el discurso de la reconversión neoliberal, del reinado absoluto del marcado, tal vez su punto más alto fue alcanzado durante el último lustro del siglo XX, en plena expansión de las burbujas bursátiles y cuando el poder militar de los Estados Unidos aparentaba ser imbatible.
Pero en la primera década del siglo XXI comenzó el desmoronamiento del sistema, el Imperio se empantanó en dos guerras coloniales, su economía se degradó velozmente y burbujas financieras de todo tipo (inmobiliarias, comerciales, de endeudamiento, etc.) poblaron el planeta. El capitalismo financierizado había entrado en una fase de expansión vertiginosa aplastando con su peso a todas las formas económicas y políticas, en 2008 los estados centrales (el G7) disponían de recursos fiscales por unos 10 billones (millones de millones) de dólares contra 600 billones de dólares en productos financieros derivados registrados por el Banco de Basilea a lo que es necesario agregar otros negocios financieros, según algunos expertos la masa especulativa global supera actualmente los mil billones de dólares (cerca de 20 veces el producto Bruto Mundial).
Esa montaña financiera no es una realidad separada, independiente de la llamada economía real o productiva, fue engendrada por la dinámica del conjunto del sistema capitalista: por las necesidades de rentabilidad de las empresas transnacionales, por las necesidades de financiamiento de los estados. No es una red de especuladores autistas lanzados a una suerte de autodesarrollo suicida sino la expresión radicalmente irracional de una civilización en decadencia (tanto a nivel productivo como político, cultural, ambiental, energético, etc.). Desde hace más de cuatro décadas el capitalismo global con eje en los países centrales soporta una crisis crónica de sobreproducción, acumulando sobrecapacidad productiva ante una demanda global que crecía pero cada vez menos, la droga financiera fue su tabla de salvación mejorando beneficios e impulsando el consumo en los países ricos, aunque a largo plazo envenenó por completo al sistema.
Se ha puesto de moda achacarle la crisis a los llamados especuladores financieros y según nos explican altos dirigentes políticos y expertos mediáticos las turbulencias llegarán a su fin cuando la “economía real” imponga su cultura productiva sometiendo a las reglas del buen capitalismo a las redes financieras hoy fuera de control. Sin embargo a mediados de la década actual en los Estados Unidos más del 40 % de los beneficios de las grandes corporaciones provenía de los negocios financieros (2), en Europa la situación era similar, en China en el momento de mayor auge especulativo (fines de 2007) solo la burbuja bursátil movía fondos casi equivalentes al Producto Bruto Interno de ese país (3) alimentada por empresarios privados y públicos, burócratas encumbrados, profesionales, etc. No se trata por consiguiente de dos actividades, una real y otra financiera, claramente diferenciadas sino de un solo conjunto heterogéneo, real de negocios. Es ese conjunto el que ahora se está desinflando velozmente, implotando luego de haber llegado a su máximo nivel de expansión posible en las condiciones históricas concretas del mundo actual. Bajo la apariencia impuesta por los medios globales de comunicación de una implosión financiera afectando negativamente al conjunto de las actividades económicas (algo así como una lluvia toxica atacando las verdes praderas) aparece la realidad del sistema económico global como totalidad contrayéndose de manera caótica.
Señales
Las declaraciones de Soros y Volcker fueron realizadas unos pocos días antes de que el gobierno norteamericano diera a conocer la cifras oficiales definitivas de la caída del Producto Bruto Interno en el último trimestre de 2008 con respecto a igual período de 2007: la primera estimación oficial que había fijado dicha caída en un 3,8 % resultó ser una burda mentira, ahora resulta que la contracción había llegado al 6,2% (4), eso ya no es recesión sino depresión. Japón por su parte tuvo para el mismo período un descenso en su PBI del orden del 12 %, en enero de 2009 sus exportaciones cayeron 45 % en comparación con igual mes del año anterior (5), en Europa la situación es similar o tal vez peor, luego del derrumbe financiero de Islandia la amenaza de bancarrota económica en varios países de Europa del Este como Polonia, Hungría, Ucrania, Letonia, Lituania, etc., amenaza a su vez de manera directa a las bancas acreedoras suiza y austríaca que podrían hundirse como la de Islandia. Mientras tanto los grandes países industriales de la región como Alemania, Inglaterra o Francia van pasando de la recesión a la depresión. Los pronósticos sobre China anuncian para 2009 una reducción de su tasa de crecimiento a la mitad respecto de 2008, sus exportaciones de enero han sido 17,5 % inferiores de las de enero del año anterior (6), este brusco deterioro del centro vital de su sistema económico no tiene perspectivas de recuperación mientras dure la depresión global por lo que su ritmo de crecimiento general seguirá descendiendo.
Que Soros y Volcker abran la expectativa de un colapso del sistema económico mundial no significa que el mismo se produzca de manera inevitable, después de todo una de las principales características de una decadencia civilizatoria como la que estamos presenciando es la existencia de una profunda crisis de percepción en las elites dominantes, sin embargo la acumulación de datos económicos negativos y su proyección realista para los próximos meses nos están señalando que la gran catástrofe anunciada por ellos tiene muy altas probabilidades de realización. A ese desenlace contribuyen la impotencia comprobada de los supuestos “factores de control” del sistema (gobiernos, bancos centrales, FMI, etc.) y la rigidez política del Imperio, por ejemplo ampliando la guerra en Afganistán preservando así el poder del Complejo Industrial Militar, gigante parasitario cuyos gastos reales actuales (aproximadamente algo más de un billón de dólares) equivale al 80 % del déficit fiscal de los Estados Unidos.
A estos síntomas económicos y políticos debemos agregar la crisis energética y la alimentaria derivada de ella que seguramente volverán a manifestarse apenas se detenga el proceso deflacionario (y tal vez antes), todo eso bajo un contexto de crisis ambiental que ha pasado a ser un factor actual de crisis (ya no es más una amenaza casi intangible localizada en un futuro lejano). Y detrás de esas crisis parciales encontramos la presencia de la crisis del sistema tecnológico moderno incapaz de superar, en tanto componente motriz de la civilización burguesa, los bloqueos energéticos y ambientales creados por su desarrollo depredador.
Desintegración, implosión y desacople
La desintegración-implosión del sistema global no significa su transformación en un conjunto de subsistemas capitalistas o bloques regionales con relaciones más o menos fuertes entre ellos, algunos prósperos, otros declinantes (la unipolaridad estadounidense convirtiéndose en multipolaridad, “desacople” ordenado en torno de nuevos o viejos polos capitalistas). La economía mundial está altamente transnacionalizada, conforma una densa maraña de negocios productivos, comerciales y financieros que penetra profundamente en las llamadas “estructuras nacionales”, inversiones y dependencias comerciales las atan de manera directa o indirecta a los núcleos decisivos del sistema global.
En términos generales para un país o una región la ruptura de sus lazos globales o su debilitamiento significativo implica una enorme ruptura interna, la desaparición de sectores económicos decisivos con las consecuencias sociales y políticas que de ello se derivan. Además el sistema global estaba hasta ahora organizado de manera jerárquica tanto en su aspecto económico como político-militar (unipolaridad) resultado del fin de la Guerra Fría y de la transformación de los Estados Unidos en el amo del planeta. No solo en el espacio de concentración de las decisiones comerciales y financieras (eso ya ocurría desde hace más de seis décadas) sino también de las grandes decisiones políticas.
El hundimiento del centro del mundo (7) en medio (como detonador) de la depresión económica internacional significa el despliegue de una cadena global de crisis (económicas, políticas, sociales, etc.) de intensidad creciente.
Recientemente Zbigniew Brzezinski dejó a un costado sus tradicionales reflexiones sobre política internacional para alertar sobre la posibilidad de agravación de los conflictos sociales en los Estados Unidos que podría según él derivar en una generalización de disturbios violentos (8). Por su parte y desde una perspectiva ideológica opuesta Michael Klare ha descripto el mapa de las protestas populares atravesando todos los continentes, países ricos y pobres, del Norte y del Sur, iniciadas en 2008 como consecuencia de la crisis alimentaria en un amplio abanico de países periféricos pero que comienzan a desarrollarse globalmente en respuesta a la agravación de la depresión económica (9): la multiplicación de crisis de gobernabilidad nos espera en el corto plazo.
La hipótesis de implosión capitalista abre el espacio para la reflexión y la acción en torno del horizonte postcapitalista donde se mezclan viejas y nuevas ideas, ilusiones fracasadas y densos aprendizajes democráticos del siglo XX, frenos conservadores legitimando ensayos neocapitalistas y visiones renovadas del mundo empujando grandes innovaciones sociales.
Agonía de la modernidad burguesa con sus peligros de barbarie senil, pero ruptura de bloqueos ideológicos, de estructuras opresivas, esperanza en la regeneración humanista de las relaciones sociales.
Notas:
(1), ”Soros sees no bottom for world financial 'collapse' ", Reuters. Sat Feb 21, 2009. David Randall and Jane Merrick, “Brown flies to meet President Obama for economy crisis talks”, The Independent , Sunday, 22 February 2009.
(2), US Economic Report for the President, 2008.
(3), En agosto de 2007 la capitalización de las bolsas chinas superaba el valor del Producto Bruto Interno del año 2006. Dong Zhixin, “China stock market capitalization tops GDP”, Chinadaily (http://www.chinadaily.com.cn/china/2007-08/09/content_6019614.htm)
(4),Cotizalia.com, 27 febrero 2009, “El PIB de EEUUse hunde un 6,2 %en el cuarto trimestre”.
(5), BBC News, 25-2-2009, “Japan exports drop 45 % to new low”.
(6), “China's export down 17.5% in January”, Xinhua, 2009-02-11.
(7), Jorge Beinstein, “El hundimiento del centro del mundo. Estados Unidos entre la recesión y el colapso”. Rebelión, 8-5-2008 (http://www.rebelion.org/noticia.php?id=67099).
(8), “Brzezinski: ‘Hell, There Could Be Even Riots’ “, FinkelBlog – 20/02/2009 - (http://finkelblog.com/index.php/2009/02/17/brzezinski-hell-there-could-be-even-riots).
(9), Michael Klare, “A planet at the brink?”, Asia times, 28 de febrero de 2009.
Fuente: ALAI, América Latina en Movimiento
Publicado por: Espiritualidad y política
La afirmación que subraya que la crisis de estas horas recuerda poderosamente a la de 1929 se topa con un problema severo: la crisis contemporánea tiene un carácter múltiple que no exhibía la de ochenta años atrás. Y es que hoy se dan cita, en una combinación explosiva, la crisis del capitalismo global, la derivada del cambio climático, la surgida del encarecimiento inevitable de las principales materias primas energéticas que empleamos y, en fin, y si así se quiere, la nacida de un crecimiento demográfico de efectos muy delicados.
Publicado en:
http://javierdelaribiera.blogspot.com/2009/01/las-cuatro-crisis-carlos-taibo.html
En semejante escenario, si la crisis de 1929 sirvió de asiento a la consolidación de los fascismos en la Europa del decenio siguiente, con las consecuencias conocidas, la de hoy anuncia procesos tanto o más inquietantes. Como es bien sabido, la principal respuesta que han abrazado los principales centros de poder, en EE UU como en la UE, es tan insuficiente como inmoral. Su propósito principal no es otro que sanear un puñado de instituciones financieras desde hace tiempo entregadas a prácticas lamentables. El objetivo, visible, es que cuanto antes puedan volver a las andadas. Al respecto se antoja llamativo, por cierto, que apenas se hayan abierto causas legales contra los directivos de esas instituciones. Tan llamativo como que los gobiernos, convidados de piedra mientras las empresas acumulaban, tiempo atrás, formidables beneficios, acudan ahora presurosos, con el dinero de todos, a su rescate en época de vacas flacas.
Bien es verdad que en el terreno formal se postula -véanse, si no, las reiteradas declaraciones del presidente francés Sarkozy- un capitalismo más regulado. Entiéndase bien lo que esto, en los hechos, significa: cuando se sugiere que hay que cancelar los abusos que han acompañado al despliegue del proyecto neoliberal se olvida que este último es, en sí mismo, un abuso. La parafernalia retórica empleada pretende hacernos olvidar que en realidad no hay ningún designio de abandonar ese proyecto, como lo demuestra, sin ir más lejos, el hecho de que nadie en los estamentos directores de la UE haya apuntado la conveniencia de prescindir, sin trampas, de un tratado, el de Lisboa, de clara vocación desreguladora.
Pero es urgente subrayar que, de nuevo a diferencia de lo que ocurrió con posterioridad a 1929, hoy las respuestas keynesianas se topan con problemas insorteables. El principal es, sin duda, el que nace de los límites medioambientales y de recursos que acosan al planeta. Quienes estiman, por ejemplo, que la obra pública en infraestructuras de transporte es una respuesta airosa frente a la crisis deberán explicarnos quién va a utilizar las maravillosas autovías que se aprestan a construir cuando el litro de gasolina, dentro de unos años, cueste seis, ocho o diez euros.
Es significativo, por lo demás, que en estos días a gobernantes y medios de comunicación sólo les preocupe la primera, y la menos importante, de las cuatro crisis que identificamos. Semejante conducta sólo puede explicarse en virtud, de nuevo, del propósito de salvar la cara al proyecto neoliberal y eludir, con ello, cualquier consideración seria de lo que se nos viene encima. Al respecto, y dicho sea de paso, la crisis se ha convertido en una formidable cortina de humo que permite mover pieza en terrenos delicados. En las últimas semanas se ha recurrido con frecuencia, en particular, a la aseveración de que los problemas financieros han dado al traste con los Objetivos del Milenio o con la lucha contra el cambio climático, como si uno y otro proceso no estuviesen muertos antes de la propia crisis. En la misma línea, sobran las razones para concluir que son muchos los empresarios decididos a aprovechar la tesitura para, con gran contento, prescindir de muchos de sus trabajadores. Nunca se subrayará lo suficiente, en suma, que los 540.000 millones de euros invertidos en el plan de rescate estadounidense permitirían resolver de una tacada los principales problemas planetarios en materia de sanidad, educación, alimentación y agua. Este dato, por sí solo, se convierte en un fiel retrato de las muchas miserias que tenemos entre manos.
En la magra discusión mediática que ha cobrado cuerpo sobre la crisis falta, visiblemente, una conciencia clara de los límites medioambientales y de recursos del planeta. Al respecto hay que colocar en lugar central el concepto de huella ecológica, con el recordatorio paralelo de que hemos dejado muy atrás las posibilidades materiales que la Tierra nos ofrece, de tal suerte que en los hechos estamos consumiendo recursos que no van a estar a disposición de las generaciones venideras.
Sorprende sobremanera que en la discusión mencionada no haya espacio alguno, en los países ricos, para tomar en serio la imperiosa necesidad de acometer un proyecto de decrecimiento en la producción y en el consumo. Y, sin embargo, bien sabemos que el crecimiento económico, idolatrado, no propicia una mayor cohesión social, genera agresiones medioambientales a menudo irreversibles, se traduce en el agotamiento de recursos con los que no van a poder contar nuestros hijos y nietos, y, por si poco fuere, facilita el asentamiento de un modo de vida esclavo que, al calor de la publicidad, el crédito y la caducidad, nos invita a concluir que seremos más felices cuantos más bienes acertemos a consumir.
Frente a toda esa sinrazón es hora de defender la solidaridad y el altruismo, el reparto del trabajo, el ocio creativo, la reducción en el tamaño de un sinfín de infraestructuras, la primacía de lo local y, en suma, la sobriedad y la simplicidad voluntarias. Si el decrecimiento y la redistribución de los recursos ganan terreno se podrían reflotar sectores económicos que guardan relación con la satisfacción de las necesidades, y no con el sobreconsumo y el despilfarro, con la preservación del medio ambiente, con los derechos de las generaciones venideras, con la salud de los consumidores y con la mejora de las condiciones de trabajo. Nada de esto forma parte, sin embargo, del horizonte mental que manejan nuestros gobernantes, en el mejor de los casos interesados por lo que pueda ocurrir, en un par de años, al calor de las próximas elecciones. Sorprende que estas gentes se presenten a los ojos de muchos de sus conciudadanos como personas sensatas y diligentes que tienen solución para todos nuestros problemas.
Carlos Taibo es profesor de Ciencia Política de la Universidad Autónoma de Madrid.
AUDIO Carlos Taibo conferencia titulada 'Crisis económica y decrecimiento'
Otros artículos de Carlos Taibo
“Balas para los jóvenes, dinero para los bancos.” Este expresivo grito de ira de los amotinados de Grecia bien pudiera oírse, a lo largo de 2009, en otras ciudades europeas. Porque el año que empieza se va a caracterizar, como consecuencia de los despidos masivos que está causando la crisis, por un fuerte descontento social. Y éste desembocará en huelgas, manifestaciones y enfrentamientos que las elecciones europeas de junio próximo no calmarán.
Por: Ignacio Ramonet Le Monde Diplomatique
http://www.rebelion.org/noticia.php?id=78411
Numerosos jóvenes –estudiantes o no–, son concientes de que su destino es ir a dar a la mar de la precariedad (“generación 700 euros”) o del desempleo. Desean hacer tabla rasa. Algunos se sienten de nuevo atraídos por los movimientos libertarios. En la atmósfera de lucha social que se avecina, las filas del anarquismo podrían engrosar (1). Como en los años 1930…
Aunque en materia de política internacional no caben supersticiones, los años terminados en 9 son a menudo convulsivos. Basta con observar que, a lo largo de éste, se conmemorarán : los 10 años de la revolución bolivariana de Venezuela (febrero); los 20 de la caída del muro de Berlín y de la implosión del bloque soviético (noviembre); los 30 de la “revolución islámica” de Irán (febrero); los 40 de la “revolución libia” del coronel Gaddafi (septiembre); los 50 de la revolución cubana (enero); los 60 de la revolución china (octubre); los 70 de la derrota de la República española en la Guerra civil (abril) y del inicio de la Segunda Guerra Mundial (septiembre); y los 80 de la crisis de 1929 y de la Gran Depresión…
Sin duda, la recesión económica será también la principal característica del año que comienza. Porque los efectos del triple crack de la construcción, de los bancos y de las Bolsas golpearán de lleno a la economía real.
En ese contexto de descontento social, ¿representa el nuevo Presidente de Estados Unidos, Barack Obama, una luz de esperanza? Menos de lo que creímos. S u equipo económico, en el que figuran varias personalidades ultraliberales responsables en parte de la crisis actual – como Robert Rubin, Lawrence Summers o Timothy Geithner –, no estará a la altura para cambiar las cosas.
Además, parece evidente ya que la nueva Administración Obama será de centro-derecha, es decir más a la derecha que el nuevo Congreso surgido de las elecciones del 4 de noviembre (2). Lo cual augura tensiones más fuertes que previsto entre el ejecutivo y el legislativo. Los nuevos congresistas demócratas no dejarán de hacerse eco de las impaciencias de los electores duramente afectados por la crisis y profundamente irritados por el gigantesco fraude del estafador Bernard Madoff así como por las ayudas masivas ofrecidas por el Gobierno a los banqueros. En suma, el entusiasmo de hoy hacia el nuevo Presidente podría, a lo largo del año, cambiarse en decepción, frustración… y cólera.
Su equipo de politica exterior - constituído por Hillary Clinton, Robert Graves y el general Jim Jones – tambien resulta muy conservador para quien ha prometido dejar de imponer la democracia a punta de bayoneta.
El « foco perturbador » del mundo seguirá siendo Oriente Próximo como lo muestran los recientes enfrentamientos trágicos de Gaza. En Irak, las fuerzas británicas y las de todos los demás aliados de Estados Unidos, se retirarán en primavera. Por su parte, las tropas estadounidenses de combate dejarán de patrullar en pueblos y ciudades para replegarse en sus cuarteles. Y su retirada se acelerará. Rebrotará la violencia. El zapatazo del periodista Muntazer Al-Zaidi al Presidente Bush, el pasado 14 de diciembre en Bagdad, da una idea de la rabia de una parte del pueblo iraquí contra la ocupación estadounidense. ¿Conseguirá el nuevo y corrupto ejercito de Irak impedir la dislocación del país?
Habrá elecciones decisivas en Israel, para la función de Primer ministro, el 10 de febrero ; y en Irán, para la Presidencia, el 12 de junio. La tensión entre estos dos países alcanzará niveles incandescentes ¿Desembocará en un conflicto abierto? Nadie debe desearlo pues las consecuencias geopolíticas serían imprevisibles. También económicas, ya que los precios del petroleo volverían a rondar los 150 dólares. Lo cual agravaría más aún la crisis actual…
En cuanto a Afganistán, país que Barack Obama desea convertir en la prioridad militar de su mandato, si Washington intensifica su intervención tendrá que multiplicar los ataques ilegales contra Pakistan, gigante demógrafico y a la vez potencia nuclear. Eso provocará una posible desestabilización de Asif Zardari, Presidente de este Estado en quiebra, amenazado además por su poderoso vecino indio después de los atentados de Bombay del 26 de noviembre pasado. Washington entraria entonces en un nuevo engranage intervencionista que podría favorecer el rápido retorno al Pentágono de los "halcones", partidarios de un imperialismo duro y dominador. En Kabúl, los estadounidenses tratarán de imponer a un "dictador presentable". Lo cual significará un regreso al realismo político (o sea, al cinismo) y el abandono del proyecto ético que ha defendido Obama durante su campaña electoral.
Otro gigante que puede reservar sorpresas es China. Porque la crisis –que se va a traducir por una subida general del proteccionismo en el mundo y la consiguiente reducción de las exportaciones– le golpeará con mayor rudeza. Miles de fábricas cerrarán despidiendo masivamente a trabajadores desprovistos, en su mayoría, de seguridad social y de atención médica. Las protestas crecerán. ¿Conseguirán las autoridades de Pekín mantener la paz social? ¿A qué precio?
En América latina, la incognita principal será de saber si Barack Obama aceptará el ramo de olivo que le ha ofrecido el Presidente de Cuba, Raúl Castro, y si negociará por fin el final del embargo comercial de la isla. Lo sabremos el 17 de abril cuando, con ocasión de la Cumbre de las Américas en Puerto España (Trinidad y Tobago), el mandatario estadounidense defina su nueva política para el hemisferio.
Entretanto la crisis climática seguirá agravándose. Todo indica que el año 2009 será el de todos los peligros. Porque agoniza une era, la del neoliberalismo, y comienza, a tientas, un nuevo paradigma. Debiera también ser el momento de todas las oportunidades. Para empezar a edificar, por fin, un mundo mejor.
(1) Este 15 de enero se celebra el II centenario del nacimiento, en Besançon (Francia), de Joseph Proudhon, padre del anarquismo.
(2) Moisés Naim "La Brigada 23 de enero", El País, Madrid, 30 de noviembre de 2008.
© Blogger templates ProBlogger Template by Ourblogtemplates.com 2008
Back to TOP